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maulas

Hacer maulas: algo así como hacer cuidados, caricias o "carantoñas".

su verbo es "maular", que tiene, sin embargo, las siguientes descripciones, según RAE:

Cosa inútil y despreciable.
Engaño o artificio encubierto.
Pedazo de tela, piel o chapa que se vende como saldo o resto de mercancías.
Propina o agasajo que se daba a los criados ajenos.
Persona tramposa o mala pagadora.
Persona perezosa y mala cumplidora de sus obligaciones.
Ser taimado y bellaco.



nota clarificadora:

La palabra "Maulas" proviene del árabe y entre la población musulmana de Al-Ándalus, recibían el nombre de Maulas (proviene de mawlá, singular de mawálin), una categoría social que se ha agrupado a los esclavos, sobre los que se ejercía un derecho de patronato conocido con el nombre de walit´.

Origen
La población musulmana de Al-Ándalus en el s. X, según un autor andaluz anónimo que data del s. XV (Lévy-Provencal: Islam d'Occident, 1,39), comprende cierto número de clases sociales: hombres de condición libre, libertes y esclavos, igual que en el resto del Islam, en la misma época. Entre los hombres libres, la aristocracia o jassa, a quien se opone la masa popular o `aroma, compuesta casi exclusivamente por artesanos y braceros beréberes españoles convertidos al islamismo, muladíes (muwallad) y libertos, que, con los mozárabes y los judíos de la misma condición, formaban la masa más importante numéricamente de la población andaluza; llevaban una existencia penosa, sometida a gravosas cargas tributarias, y se dedicaban en las ciudades al pequeño comercio, a los oficios artesanos o al trabajo como jornaleros. De análoga condición social eran los labriegos, que integraban la plebe rústica que habitaba los centros rurales, y la mayoría de los cuales cultivaba tierras ajenas como asociados o aparceros del dueño, o como colonos del príncipe.
Contaba también la España califal de esta época con una proporción relativamente considerable de esclavos de ambos sexos, que se integraban rápidamente en las familias donde habían ido a parar por azar y donde estaban bien tratados, incluidos en un régimen de vida no muy distinta a la de los campesinos y pequeños artesanos libres. Otra categoría social que normalmente se ha agrupado entre los esclavos, aunque no proviene únicamente de la clase servil, era la de los mawálin. El patronato que se ejercía sobre estos afectaba en primer término al esclavo manumitido por su dueño, bien en vida de éste o bien a su muerte, en virtud de una disposición testamentaria. Una vez manumitido, esto es, convertido en hombre libre conforme a las reglas que, en la sociedad musulmana, fijaban los diversos modos de manumisión, el esclavo liberado conservaba para con su antiguo dueño o sus herederos una especie de vínculo casi familiar que le obligaba a ciertos deberes y le proporcionaba, en compensación, derecho a una protección moral.
El walit', tanto para el que lo ejercía como para el que de él se beneficiaba, se trasmitía de padres a hijos, de suerte que en la España del s. X, como en el resto del mundo musulmán, los maulas formaban una clase social muy numerosa, tanto más cuanto que a los libertos y sus descendientes se unían ahora todos aquellos cuyos antepasados más o menos lejanos lo habían reclamado, en su calidad de muladíes. Los maulas, tomando el patronímico e incluso el étnico tribal de su patrón, llegan a hacerse difícilmente reconocibles en cuanto a su origen; dificultad imputable, en parte, a los biógrafos andaluces que, al recordar el origen de aquellos que se distinguieron entre sus contemporáneos, no se toman siempre el trabajo de precisar la fecha de adopción de su descendencia por un linaje árabe ni de indicar con exactitud quién fue el primero de los miembros de la familia que accedió al beneficio del walit´.


Ciertos libertos de la comitiva del soberano cordobés adoptaron el nombre de su antiguo dueño como el de su padre putativo, o bien un apellido de familia que recordase el del príncipe o la princesa, o el de cualquier otro individuo que les había dado el estatuto de hombre libre. Al atribuir a los «clientes» de origen berebere o español una imaginaria ascendencia árabe, producto de tan frecuentes adopciones de nombres y apellidos de familias árabes, quedaron de tal manera falseadas las genealogías que bien se puede considerar que, ya en la época califal, parte de los árabes que se atribuía un origen gaysz o yemení legítimo llevaba en sus venas más sangre europea, africana e incluso negra que asiática.


Al no ser la aristocracia del país de Al-Andalus una clase social cerrada, ascendieron a ella algunos libertos o clientes de los príncipes Omeyas cuando se les confiaban dignidades preeminentes de la corte y de la administración y llegaban, por otra parte, a ser dueños de ricos patrimonios. De esta forma, los m. del príncipe llegaron a confundirse en el Estado cordobés, por su poder e influencia, con la aristocracia palatina. A este respecto, afirma Luis G. de Valdeavellano que «no pocos de los clientes que en Córdoba tuvieron a su cargo dignidades palatinas fueron esclavos manumitidos de origen europeo y, especialmente, eslavo». Y añade: «Al desmembrarse políticamente la España musulmana, algunos de esos eslavos se erigieron en príncipes de las taifas de Almería y Murcia, de Denia y Baleares y de Tortosa, de forma que la nueva aristocracia de los taifas no fue ya solamente árabe, sino también muladí, beréber o eslava»

Evolución

Existe la costumbre de traducir indiferentemente mawlá en su acepción de beneficiario del walá', por liberto o por cliente, sin tener en cuenta que, aparte del patronato legal emanado de esta institución, existió en los s. IX y X, al menos en la sociedad musulmana occidental, una especie de vínculo distinto al que nos ocupa, el de istina`, que obligaba a un individuo respecto a otro. Esta relación de patrocinio, aunque muy semejante en lo esencial al walá', que unía al maula o liberto con su antiguo dueño, era, sin embargo, distinta de ella, ya que se establecía por un pacto libremente concertado entre protector y protegido, en tanto que la del m. con su señor derivaba legal y necesariamente del hecho de la manumisión.

Aún en el s. XIV un cronista islámico acusa la diferencia entre el mawlá y el beneficiado o patrocinado (mustana'), pero sin indicar con claridad en qué consiste esta diferencia, que ningún otro cronista antiguo precisó. Sin embargo, no deja de ser interesante que el árabe mustana`el equivalente exacto del latín benefactus; y en esta medida no estaría desautorizada la hipótesis '(Lévy-Provengal) de que realmente el istina` andaluz ha podido ser la continuación de un modo de protección usado en la España visigoda, y posiblemente tomado del patrocinium del Derecho romano. Los conceptos de istina` y commendatio serían, pues, análogos para el autor francés.
Se supone que la palabra árabe mawlá pasó a la lengua romance por medio de los mozárabes, dando lugar al término maullatus que, en los Estados de la Reconquista, definía a un grupo social de condición jurídica muy análoga a la de los encomendados. Los maullati eran en la España cristiana, según Charles Verlinden, simplemente los recomendados de origen mozárabe, y los términos de encomendado y maula se empleaban, seguramente, sin distingos. Tales recomendados o maulados podían poseer bienes y enajenarlos, y debían guardar fidelidad al señor; éste, a su vez, había de proteger y hacer bien a aquél. La relación solía mantenerse sólo en vida del manumitente, pero no de sus hijos, y se extinguía con la muerte del liberto. Muchas veces, en vida de éste, el señor llevaba a cabo una segunda manumisión, en virtud de la cual el liberto quedaba libre de la clientela del señor, y adquiría la plena libertad. Lo corriente en los Estados de la Reconquista fue que los libertos permaneciesen vinculados a su antiguo dueño por relaciones de dependencia personal o territorial.

El hecho de que el nombre maullatus aparezca en la terminología social arcaica de la España cristiana indica suficientemente el funcionamiento simultáneo de dos instituciones de análogo carácter que, en ambos casos, se aplicaban a todos los que lo precario de su estatuto obligaba a reclamar la protección de un patrono: de una parte, los libertos procedentes de la servidumbre y sus descendientes; de otra, los hombres de origen libre, cuya modesta suerte les movía a ponerse al servicio de un bienhechor eventual y a convertirse en sus clientes.

esta información del origen y evolución de la palabra "MAULAS", está recogida de la WIKIPEDIA




Maulas

SE llama «maulas» a los inútiles, a los torpes, a los perezosos, a los que no sirven para nada. También, Academia al canto, a los tramposos, a los cobardes, a los despreciables. En Cataluña llaman «maulets» a un grupo de maulas agresivos y particularmente cretinos, enardecidos por su propia estupidez y por la de ciertos discursos majaderos que incendian la convivencia y fomentan la exclusión. Algunos de estos retrasados mentales llevan tiempo entregados a la enriquecedora tarea de boicotear con violencia física y verbal los actos de un grupo de ciudadanos dispuestos a levantar su voz contra el pensamiento único del nacionalismo, ante la sorprendente pasividad de una policía autonómica que recuerda el peor absentismo de la «Ertzaintza» frente a los abusos del terror callejero vasco. La otra noche, en la campaña del referéndum estatutario, los maulas independentistas, hijos putativos de ERC, la emprendieron a coscorrones contra el escritor Arcadi Espada -cuya cabeza amueblada de dignidad e inteligencia está por fortuna blindada a prueba de pescozones-, en un gesto que simboliza la escalada de impune provocación contra la disidencia que se empieza a vivir en el oasis catalán. No es un hecho aislado, porque se repite con indeseable recurrencia, como bien saben Albert Boadella, Francesc de Carreras o Xavier Pericay, en un clima político complaciente en el que la única reacción es la de quitarle importancia a este vandalismo coactivo reduciéndolo a la sobada condición de «gamberrada de incontrolados». Pues si están incontrolados, que los controlen, que para eso acaba de recibir la Generalitat todas las competencias de orden público.


Esta crecida de la persecución al discrepante, al opositor, al aficionado a pensar por cuenta propia y hablar sin miedo, testimonia de algún modo el envilecimiento de una atmósfera civil que los arúspices del «no pasa nada» tratan de disfrazar de cordial normalidad democrática. No son los «Ciudadanos de Cataluña», ni el Partido Popular, los que crispan la convivencia al negarse a aceptar un Estatuto delirante de esencialismo y exclusiones, sino los talibanes de la imposición, los fundamentalistas de la uniformidad que pretenden imponer un modelo totalitario bajo la premisa del garrotazo al que disiente. Y aunque esta clase de tipejos siempre existen en cualquier parte, lo inquietante es que quien puede hacerlo no tome las medidas necesarias para preservar los más elementales parámetros de normalidad democrática.

Este fascismo coactivo de una minoría que actúa a favor de corriente recuerda demasiado a la amenaza intimidatoria tristemente conocida en la tierra vasca, y da que pensar sobre el futuro inmediato. No sólo del futuro de una Cataluña ensimismada en su presunta diferencialidad, sino del de un País Vasco «normalizado» bajo coordenadas que amparen la intolerancia contra cualquier expresión de rechazo al nacionalismo obligatorio. Conviene recordarlo porque está escrito en la Historia: los fascistas empiezan siempre por sus enemigos y acaban imponiendo el terror hasta a los indiferentes.

artículo de Ignacio Camacho publicado en junio del 2006

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